Desd
e la antigüedad las palomas forman parte de la vida cotidiana de los hombres y de la construcción espiritual que hacemos del mundo. Afrodita, la diosa del amor en la antigua Grecia, tenía una paloma como mascota y La Biblia testimonia como el Espíritu de Dios se transformó en paloma y se apareció durante el bautizo de su hijo Jesús.
¿Cuántas han sido las ocasiones en las que usted, sin esperarlo, se le pose una paloma al hombro? Para la mayoría de las personas la respuesta es, nunca. En los casos más afortunados, hay que ofrecerle alimentos a cambio para disfrutar algunos minutos de ese placer. Pues imagínese que durante su vida le ocurra en varias ocasiones.
Así fue la conexión entre el Comandante en Jefe Fidel Castro y las aves que simbolizan universalmente la paz. Indudablemente, estos hechos alimentan el imaginario popular del cubano, aseverando que algo divino lo protegió durante su vida y lo protege después de la muerte. Algo divino y tan poderoso como el amor que le profesará su pueblo. Misticismo, leyenda o casualidad, eso nunca lo sabremos, lo cierto es que Cuba lo escogió como su líder y como tal lo veneramos.
Como
la Diosa Irene no olvida nunca a sus hijos, tal parece que envió nuevamente a sus emisarios a resguardar al Comandante en Jefe en el cementerio de Santa Ifigenia. En esta ocasión se trata de una pareja de palomas que con frecuencia descansan cerca de la piedra que guarda los restos de Fidel Castro.
De este amor saldrán nuevos pichones. Tanto simbolismo existe entre Fidel y estas aves que me gustaría pensar que la Diosa pretende engendrar nuevos hombres de paz para el futuro de Cuba. Así lo quería Fidel, que desde el panteón sagrado de la patria mantiene su amor idílico con las palomas.
